
Vengo hoy aquí a explicaros algo que por desgracia o por fortuna conozco muy bien, pues con ésta ya van tres. Y vengo también con la osadía de querer hablar en nombre de aquellos, que por un motivo u otro, se ven obligados a pasar las vísperas lejos de nuestras cofradías... de nuestras cosas.
"AQUÍ NO HUELE A NA". Éste podría ser un buen resumen de las sensaciones vividas en el pasado. Ni siquiera el tufo a borrego viejo de las calles de este pestilente lugar, puede eclipsar la terrible nostalgia de nuestros aromas: el incofundible incienso, que la primavera de esa bendita tierra manchega hace tan diferente, las torrijas y los rosquillos, el potaje de bacalao con las mejores peyuelas que uno pueda soñar, que son aquellas moldeadas por las manos de una madre, y como no, ese hilo casi imperceptible de olor a madera nueva que solo perciben los cuarenta afortunados que tienen el privilegio de llevar sobre su cerviz al Señor del Cielo y de la Tierra. NO LOS ECLIPSA. Y el azahar... ay el azahar, el mismo que cada año nos acerca, casi sin quererlo, al Misterio Divino de la Pasión y Muerte del Redentor. Tampoco huele aquí a azahar.
No suenan las marchas, aquí no se puede hacerse uno el encontradizo con un certamen de bandas que casualmente se celebra en la Plaza Mayor. Aquí no hay de eso.
Ni tampoco se puede poner uno de tiros largos para ir a los cultos de su hermandad, ni al esperado pregón, ni a nada de nada...
El Domingo de Pasión estarán nuestras esposas y nuestras hijas e hijos esperando en el Camarín de la Virgen del Prado, dispuestas a llenar sus corazones con la mejor de las levantás: ¡por los niños de nuestra hermandad!, ¡todos por igual y al Cielo con el Señor!...¡e esta es! Ellas sí estarán... pero nosotros no.
Los que estamos aquí no sacaremos este año la túnica del altillo (el altillo de los recuerdos lo llamó algún pregonero), ni nuestra madre podrá colgarla en la percha junto a la puerta del salón, para que se estire y se le quite el olor a alcanfor. Este año no.
Aquí no hay tertulias, ni boletines, ni corralillos cofrades. No hay ensayos, ni limpieza de plata, ni comidas de hermandad. No hay proyectos de los que hablar... aunque tampoco hay papeletas que vender, todo tiene sus ventajas.
Aquí casi no hay Cuaresma hermanos, salvo por un puñado de hombres y mujeres que se dejan la piel por defender a España: SACRIFICIO... Y CUARESMA, CLARO QUE SÍ.